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martes, 22 de febrero de 2011

Maldito círculo vicioso

Siempre un vicio se reemplaza por otro.

Pasaron muchos días ya y yo sigo sin saber de vos. Tengo cosas para contarte, estoy triste y muy contenta. Cada vez que pienso en nuestras risas tengo ganas de volver a esos momentos...
Pará Malena, pará!
Ahí es cuando me reto, cuelgo mis pensamientos y me pregunto de dónde es que saco la idea que me hace creer que vos seguís siendo esa persona? Por qué me olvido que dejaste de contenerme hace tiempo? Por qué me guardo una imagen que ya no existe?
Después de hacerme todas estas preguntas, y algunas más, advierto que es todo producto de mi imaginación y que no tiene ningún sentido aferrarme a eso. Que es un vicio pensar en vos o quizás el vicio sean esas imágenes, no lo sé, pero automáticamente me prendo un pucho porque mi mente quedo en blanco, hasta que el cigarrillo se consume y todo vuelve a empezar. 

Así es que voy por imágenes nuevas, historias completas, y menos vicios.

domingo, 20 de febrero de 2011

A por ellos

desde mi balcón.


Del otro lado del mundo se ven todos esos colores, digo desde mi mundo. 
Quizás desde el tuyo no se vea así, quizás seas vos esos colores que veo. No lo sé con certeza pero puedo asegurar que voy por ellos, cada día me acerco un paso más. Vos y todos los otros mundos los van a ver, los voy a encandilar. Prometo.


miércoles, 9 de febrero de 2011

Che, una pregunta!


Las sombras que me persiguen y no me dejan dormir no son un problema mayor
El problema es cuando esa sombra se hace carne y da señales, mínimas, de querer hacer carne mi sombra.
Pero para que esa sombra que me persigue quiera hacerme carne, se tiene que sentir perseguida por mi sombra.
Problemón entender que podemos ser la sombra que atosiga la mente de otro y que la sombra de ese otro es la que no nos permite descansar.
Entonces, qué pasa con la idea de hacernos carne y dejarnos de joder con las sombras?

Mirar ver - ver mirar

Me viste y te miré viéndome, entonces ahí, en ese momento, te vi.

Me gustó como me veías, era enorme en tus ojos, casi inalcanzable creías, eso porque no advertiste que te estaba viendo. Me viste, sí, a mí, pero no que te vi.

Viéndome eras hermoso, estabas encantado con lo que veías en mí. Y yo ya no podía dejar de admirarte.

Te vi viéndome.

Todavía  te sigo viendo y descubrí cosas nuevas. Hace tiempo que vos dejaste de verme. No quisiste ver más, creo que te tapaste los ojos, no lo sé.

Ya ni siquiera te veo mirarme, quizás si me mirás viéndote puedas verme otra vez…

martes, 8 de febrero de 2011

Lo soy


Una vez, no hace mucho, me dijeron que yo tenía miedo a ser cursi. Más que miedo a serlo creo que es miedo a aceptarlo. Hoy lo grito, SOY CURSI. Ojo, solo hoy, en éste momento. No me van a escuchar gritarlo otra vez. Entonces así es, cuanto pánico me da.

Estar enamorada es un estado que prácticamente no identifico, casi nunca admití estarlo, creo que solo una vez me animé a decirlo frente a una persona que, claro, no era de quien estaba enamorada.

Alguien me cambió la vida, me hizo perder muchos miedos, me contó que podía estar bueno todo esto del amor. Cuando quise salir corriendo me abrazó fuerte y me quedé ahí acurrucada, sintiéndome súper chiquita pero completamente protegida.

Cantaba Pablo Milanés, Yolanda, con esa voz que empalaga. Estábamos abrazados, fue el momento más cursi de mi vida, nos duró unos segundos huimos despavoridos del recital. Era demasiado. Fui cursi, ese momento, admito, me gustó. Me gustó lo que duró, no más.

Encontrar un lenguaje común, las risas cómplices, esas miradas que bastan...

Ningún miedo más, pensé. Error volvieron, algunos no todos. Ese pánico en el pecho que duele, que ganas de correr!

Ser cursi es igual a mostrarse vulnerable. Ahí está mi miedo, mi miedo es que me vean.